Al igual que muchos Mexicanos que vivimos nuestra niñez en el México de los 90’s, crecí con un familiar afiliado a entidades como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Recordarán que en esos tiempos la cantidad de derechoambientes que accedían a su derecho a la salud era mínima comparada con la actualidad, incluso recuerdo, una idílica época en la que el desabasto de medicamentos era tan solo un mito.
Ahora que lo pienso, hubo un tiempo (semanas previas a mi diagnóstico) en que llegué a presentar quejas internas sobre cómo dichas instituciones no proveían de una mejor atención a aquellos AFORTUNADOS que gozaban de sus servicios, siendo que el ingreso económico es millonario y recalco afortunados ya que al no ser derecho ambiente a ninguna institución de salud, para poder adquirir la insulina en cantidades necesarias para mi supervivencia mensual, requiero de no menos de 28 veces el salario mínimo. Y de no ser por el hecho de que mi diabetes fue principalmente generada por un exceso de corticoides para tratar las complicaciones durante mi contagio de Sears-Cov19, aunado a la maldita herencia familiar, diría que era mucho más barato pagar la cuota mensual del gimnasio y comer más ensaladas que pagar el tratamiento, el cuál por cierto, es de por vida.

